Reflexión
Mons Enrique Diaz Diaz
Obispo de Irapuato
14 Julio
San Camilo de Lelis
Isaías 7, 1-9: “Si ustedes no creen en mí, irán a la ruina”
Salmo 47: “Dios es nuestro defensor”
San Mateo 11, 20-24: “El día del juicio será menos riguroso para Tiro, Sidón y
Sodoma que para otras ciudades”
Con frecuencia nos sorprendemos por la dureza del corazón de los
contemporáneos de Jesús y hasta nos atrevemos a decir: “Si yo hubiera visto a
Jesús seguramente habría sido su fiel seguidor”. Pero no hay tanta diferencia
entre aquellas ciudades y quienes hoy no nos atrevemos a seguir con
radicalidad a Jesús. La crítica y los reclamos de Jesús a quienes habían visto
sus milagros y no quieren creer, también podrían ser para los que hoy
escuchamos su palabra, conocemos su vida y no nos atrevemos a seguirlo o
solamente lo hacemos cuando nos conviene. Las palabras con que concluye el
pasaje de Isaías que anuncia graves peligros de las naciones vecinas pero que
Dios sostiene con fidelidad nos pueden dar una pauta para nuestra propia vida:
“Y si ustedes no creen en mí, también irán a la ruina”. No podemos quedarnos
sorprendidos de que las multitudes que habían visto los milagros de Jesús, no
tuvieran fe. No podemos admirarnos de que Jesús proponga como mejores a
las ciudades que los judíos tradicionalmente consideraban pecadoras, como
menos culpables que quienes no oían sus palabras. A nosotros nos puede
pasar lo mismo. Hemos escuchado la palabra de Jesús, pero no nos atrevemos
a creer con absoluta entrega. Hemos oído sus milagros, pero siempre queda la
duda en nuestro corazón. Conocemos su predilección por el Reino, y sin
embargo nos jalan los reinos de este mundo con sus atracciones y mentiras.
¿Creemos realmente en Jesús? A veces damos la impresión de tener sólo una
fe superficial que cuando es tocada por la duda, por los problemas y por la
adversidad, tiembla y está a punto de perderse. Otras muchas parecemos
avocarnos más a los sacrificios y rituales, a ciertas prácticas religiosas, que a
una verdadera conversión que implique toda nuestra vida. Hoy escuchemos las
palabras adoloridas de Jesús ante sus conciudadanos que no han querido
creer y solamente esperan más milagros y más palabras bonitas, pero no están
dispuestos a seguirlo ¿Nos pasará a nosotros igual? ¿A qué nos llama Jesús
Las lecturas de hoy nos ponen ante una verdad exigente: Dios sostiene a quien confía en Él, pero sus dones reclaman una respuesta. La fe no consiste solo en admirar los milagros, sino en dejarse convertir.
1️⃣ Jerusalén está amenazada y el corazón del rey Ajaz tiembla «como se agitan los árboles del bosque con el viento». El miedo aparece cuando contemplamos los peligros olvidando que Dios sigue presente.
2️⃣ El Señor no niega la gravedad de la situación. Pero dice: «Conserva la calma, no temas y que tu corazón no desfallezca». La fe no ignora los problemas; impide que los problemas ocupen el lugar de Dios.
3️⃣ Los enemigos parecen poderosos, pero Dios los llama «restos de tizones humeantes». Aquello que a nosotros nos parece invencible puede ser, ante Dios, poco más que humo destinado a desaparecer.
4️⃣ Ajaz debe elegir entre apoyarse en sus cálculos políticos o confiar en la palabra del Señor. También nosotros buscamos a veces seguridad en estrategias, influencias y controles, dejando la confianza en Dios para el último recurso.
5️⃣ «Si no creéis, no subsistiréis». No significa que el creyente nunca sufrirá, sino que solo la fe proporciona un fundamento firme cuando todo lo demás se tambalea.
6️⃣ El salmo proclama: «Dios ha fundado su ciudad para siempre». La Iglesia también puede ser atacada, sacudida y aparentemente debilitada, pero su estabilidad última no depende de nosotros, sino de Cristo.
7️⃣ En el Evangelio, Jesús recrimina a Corozaín, Betsaida y Cafarnaún. Habían visto sus milagros, habían escuchado su palabra y, sin embargo, no se habían convertido. La cercanía a lo sagrado no transforma automáticamente el corazón.
8️⃣ Podemos recibir sacramentos, escuchar el Evangelio y contemplar las obras de Dios sin cambiar de vida. La costumbre puede endurecer el corazón hasta volvernos ciegos ante la gracia que tenemos delante.
9️⃣ Cuanto mayores son los dones recibidos, mayor es nuestra responsabilidad. No se nos pedirá cuenta de las gracias que nunca tuvimos, sino de aquellas que Dios puso en nuestra vida y que quizá dejamos pasar.
🔟 Hoy el Señor nos invita a creer y a convertirnos. A no vivir de recuerdos religiosos ni de apariencias, sino de una fe que sostiene la vida, vence el miedo y produce frutos concretos.
Señor, que no endurezcamos hoy el corazón. Danos una fe firme para permanecer en pie y un corazón humilde para reconocer tus dones y responder a ellos con una verdadera conversión.
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