martes, 14 de julio de 2026

Evangélio Diario 14 de Julio

Reflexión 
Mons Enrique Diaz Diaz 
Obispo de Irapuato 



14 Julio
San Camilo de Lelis 
Isaías 7, 1-9: “Si ustedes no creen en mí, irán a la ruina”
Salmo 47: “Dios es nuestro defensor”
San Mateo 11, 20-24: “El día del juicio será menos riguroso para Tiro, Sidón y 
Sodoma que para otras ciudades” 
Con frecuencia nos sorprendemos por la dureza del corazón de los 
contemporáneos de Jesús y hasta nos atrevemos a decir: “Si yo hubiera visto a 
Jesús seguramente habría sido su fiel seguidor”. Pero no hay tanta diferencia 
entre aquellas ciudades y quienes hoy no nos atrevemos a seguir con 
radicalidad a Jesús. La crítica y los reclamos de Jesús a quienes habían visto 
sus milagros y no quieren creer, también podrían ser para los que hoy 
escuchamos su palabra, conocemos su vida y no nos atrevemos a seguirlo o 
solamente lo hacemos cuando nos conviene. Las palabras con que concluye el 
pasaje de Isaías que anuncia graves peligros de las naciones vecinas pero que 
Dios sostiene con fidelidad nos pueden dar una pauta para nuestra propia vida: 
“Y si ustedes no creen en mí, también irán a la ruina”. No podemos quedarnos 
sorprendidos de que las multitudes que habían visto los milagros de Jesús, no 
tuvieran fe. No podemos admirarnos de que Jesús proponga como mejores a 
las ciudades que los judíos tradicionalmente consideraban pecadoras, como 
menos culpables que quienes no oían sus palabras. A nosotros nos puede 
pasar lo mismo. Hemos escuchado la palabra de Jesús, pero no nos atrevemos 
a creer con absoluta entrega. Hemos oído sus milagros, pero siempre queda la 
duda en nuestro corazón. Conocemos su predilección por el Reino, y sin 
embargo nos jalan los reinos de este mundo con sus atracciones y mentiras. 
¿Creemos realmente en Jesús? A veces damos la impresión de tener sólo una 
fe superficial que cuando es tocada por la duda, por los problemas y por la 
adversidad, tiembla y está a punto de perderse. Otras muchas parecemos 
avocarnos más a los sacrificios y rituales, a ciertas prácticas religiosas, que a 
una verdadera conversión que implique toda nuestra vida. Hoy escuchemos las 
palabras adoloridas de Jesús ante sus conciudadanos que no han querido 
creer y solamente esperan más milagros y más palabras bonitas, pero no están 
dispuestos a seguirlo ¿Nos pasará a nosotros igual? ¿A qué nos llama Jesús 
en nuestros días?


Las lecturas de hoy nos ponen ante una verdad exigente: Dios sostiene a quien confía en Él, pero sus dones reclaman una respuesta. La fe no consiste solo en admirar los milagros, sino en dejarse convertir.

1️⃣ Jerusalén está amenazada y el corazón del rey Ajaz tiembla «como se agitan los árboles del bosque con el viento». El miedo aparece cuando contemplamos los peligros olvidando que Dios sigue presente.

2️⃣ El Señor no niega la gravedad de la situación. Pero dice: «Conserva la calma, no temas y que tu corazón no desfallezca». La fe no ignora los problemas; impide que los problemas ocupen el lugar de Dios.

3️⃣ Los enemigos parecen poderosos, pero Dios los llama «restos de tizones humeantes». Aquello que a nosotros nos parece invencible puede ser, ante Dios, poco más que humo destinado a desaparecer.

4️⃣ Ajaz debe elegir entre apoyarse en sus cálculos políticos o confiar en la palabra del Señor. También nosotros buscamos a veces seguridad en estrategias, influencias y controles, dejando la confianza en Dios para el último recurso.

5️⃣ «Si no creéis, no subsistiréis». No significa que el creyente nunca sufrirá, sino que solo la fe proporciona un fundamento firme cuando todo lo demás se tambalea.

6️⃣ El salmo proclama: «Dios ha fundado su ciudad para siempre». La Iglesia también puede ser atacada, sacudida y aparentemente debilitada, pero su estabilidad última no depende de nosotros, sino de Cristo.

7️⃣ En el Evangelio, Jesús recrimina a Corozaín, Betsaida y Cafarnaún. Habían visto sus milagros, habían escuchado su palabra y, sin embargo, no se habían convertido. La cercanía a lo sagrado no transforma automáticamente el corazón.

8️⃣ Podemos recibir sacramentos, escuchar el Evangelio y contemplar las obras de Dios sin cambiar de vida. La costumbre puede endurecer el corazón hasta volvernos ciegos ante la gracia que tenemos delante.

9️⃣ Cuanto mayores son los dones recibidos, mayor es nuestra responsabilidad. No se nos pedirá cuenta de las gracias que nunca tuvimos, sino de aquellas que Dios puso en nuestra vida y que quizá dejamos pasar.

🔟 Hoy el Señor nos invita a creer y a convertirnos. A no vivir de recuerdos religiosos ni de apariencias, sino de una fe que sostiene la vida, vence el miedo y produce frutos concretos.

Señor, que no endurezcamos hoy el corazón. Danos una fe firme para permanecer en pie y un corazón humilde para reconocer tus dones y responder a ellos con una verdadera conversión.

#EvangelioDiario #PalabraDeDios #Fe #Conversión #IglesiaCatólica
#catolicosencamino




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Evangélio Diario 13 de julio


Reflexión 
Monseñor Enrique Diaz Diaz 
Obispo de Irapuato 

13 de julio 
San Enrique
Isaías 1, 10-17: “Purifíquense y aparten de mi vista sus malas acciones”
Salmo 49: “Dios salva al que cumple su voluntad”
San Mateo 10, 34-11, 1: “No he venido a traer la paz, sino la guerra”
¿A quién no le parecen sorprendentes las palabras que hoy nos ofrece San 
Mateo? Siempre hemos afirmado e insistido en buscar una verdadera paz, 
siempre luchamos contra las divisiones, procuramos y aseguramos que el 
respeto en la familia es la base de una sociedad sana. Sin embargo, hoy 
encontramos sentencias en los labios de Jesús que nos desconciertan si no 
atendemos al espíritu con que son dichas y recogidas. Jesús es el signo más 
grande de paz, es Él el príncipe de la paz. En su nacimiento se proclamó “paz 
en la tierra a los hombres de buena voluntad” ¿Entonces por qué nos dice que 
no ha venido a traer la paz sino la guerra? ¿Se justifican con estas palabras las 
guerras religiosas que siempre han dividido a los pueblos y han causado tantas 
desgracias? De ninguna manera. Estas sentencias que recoge San Mateo nos 
vienen a expresar la radicalidad que Jesús exige a todos sus discípulos. No 
pide una guerra de intereses y egoísmos como las que nos inventamos 
nosotros. No favorece una división por intereses mezquinos como sucede en 
nuestros grupos y aun en nuestras familias. Pero sí deja muy en claro que su 
seguimiento no es un “juego”, no es una postura exterior, que pueda 
compaginarse con actitudes injustas, provengan de quien provengan. Nadie 
más exigente que Jesús en el cuidado de la familia y en el respeto a los 
padres, pero no pueden los lazos familiares excusarnos de vivir plenamente el 
Evangelio. Es triste comprobar que hay grandes líderes que traicionan y 
engañan por lazos familiares. No podemos decir y exigir verdades al exterior y 
vivir en la injusticia y en la mentira al interior de los hogares. Las palabras de 
Jesús, lejos de apartarnos del hogar y de la familia, establecen una exigencia 
mayor de coherencia y amor al interior de nuestras familias. La paz que 
necesitamos construir con Cristo no es una paz de indiferencia o de acomodos 
políticos en detrimento de la verdad y de la justicia. La paz que Jesús exige es 
un fuego que arde en contra de la mentira y la discriminación; que ilumina la 
oscuridad de la corrupción y del engaño; que descubre el interior del corazón. 
¿Qué nos hace pensar esta radicalidad de Jesús?
REFLEXION 
Padre Oscar Oliver Chavarria

La mirada compasiva de Jesús 

Al contemplar el Evangelio de la viuda de Naín, descubro que Jesús nunca pasa de largo frente al sufrimiento humano. 

Él va caminando con sus discípulos y una gran multitud lo acompaña. Al mismo tiempo, otra multitud sale de la ciudad siguiendo el féretro del hijo único de una viuda. 

Son dos caminos que se encuentran: uno lleva la esperanza y el otro parece llevar solamente dolor. 

En medio de esa escena, Jesús dirige su mirada hacia aquella mujer. El Evangelio dice: “Al verla el Señor, se compadeció de ella” (Lc 7,13).

Quiero detenerme en esa mirada. Jesús no vio solamente a una viuda llorando. Vio su corazón destrozado, su soledad, su futuro incierto y el vacío que dejaba la muerte de su único hijo. 

No necesitó que ella le pidiera ayuda. Él tomó la iniciativa porque su corazón está lleno de misericordia. Comprendo que el amor verdadero sabe descubrir el dolor escondido y se acerca antes de que las palabras lo expliquen.

También yo necesito creer que Jesús me ve. Él conoce mis luchas, mis preocupaciones, mis cansancios, mis heridas y todo aquello que llevo en silencio. 

Muchas veces pienso que nadie comprende lo que estoy viviendo, pero recuerdo que Jesús nunca es indiferente a mis necesidades. Él sigue siendo el mismo Señor compasivo que se detiene ante el sufrimiento de sus hijos.

Escucho sus palabras dirigidas a la viuda: “No llores” (Lc 7,13). No son una invitación a negar el dolor, sino una promesa de que la tristeza no tendrá la última palabra. 

Cuando Jesús habla, siempre abre un camino de esperanza, sus palabras llegan al corazón antes de transformar la realidad.

Después, Jesús hace algo sorprendente. “Se acercó y tocó el féretro” (Lc 7,14). No permanece a distancia. Él acorta la distancia entre Dios y mi sufrimiento. 

Se acerca a aquello que parece muerto en mi vida: mis ilusiones apagadas, mis fuerzas debilitadas, mis fracasos, mis pecados y todo aquello que siento perdido. Nada lo detiene cuando ama.

Luego pronuncia una palabra llena de autoridad y de vida: “Joven, yo te lo mando: levántate” (Lc 7,14). Esa misma voz quiere resonar hoy en mi corazón. 

También a mí me dice: levántate del desánimo, de la desesperanza, del miedo y de la resignación. Con Jesús siempre existe la posibilidad de comenzar de nuevo.

El Evangelio continúa diciendo: “El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre” (Lc 7,15). 

Qué hermoso gesto. Jesús no solo devuelve la vida al joven; también devuelve la alegría a aquella madre. Su compasión restaura lo que el dolor había destruido. Él devuelve la esperanza donde parecía imposible recuperarla.

Al terminar este encuentro, todos reconocen la presencia de Dios y exclaman: “Un gran profeta ha surgido entre nosotros” y “Dios ha visitado a su pueblo” (Lc 7,16). 

Yo también deseo acoger esta Palabra con un corazón dispuesto. Quiero creer que Dios sigue visitando mi vida cada día. 

Jesús continúa tomando la iniciativa, acercándose con amor y poniéndose en mi lugar, su mirada compasiva me sostiene, su presencia me levanta y su misericordia me recuerda que nunca camino solo. 

Cuando dejo que toque mi vida, el dolor se transforma en esperanza y mi corazón también puede alabar a Dios porque ha venido a visitarme.

Lee, medita, ora y comparte 

P. Óscar


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domingo, 12 de julio de 2026

Evangelio Diario Domingo XV ordinario 12 de Julio

Reflexión Monseñor Enrique Diaz Diaz 
Obispo de Irapuato 


XV Domingo Ordinario
Isaías 55, 10-11: “La lluvia hará germinar la tierra”
Salmo 64: “Señor, danos siempre de tu agua”
Romanos 8, 18-23: “La creación entera gime y sufre dolores de parto”
San Mateo 13, 1-23: Una vez salió un sembrador a sembrar”
Imposible no hacer referencia a “la madre tierra”, como la llaman nuestros pueblos 
originarios, ante la insistencia de los textos de este día. El salmo 64 es un poema de 
alabanza al Dios creador que se regocija engalanando los fértiles campos, bendiciéndolos 
de renuevos, vistiéndolos de rebaños, coronándolos de frutos. Pero este paraíso, que canta y 
alaba el salmo, parecería que ha quedado en el olvido. Las lluvias torrenciales se abaten en 
zonas del planeta, mientras extensas zonas agonizan en la sequía. ¿Es culpa de la 
naturaleza? Creyentes y no creyentes todos coinciden en que es culpa de la depredación del 
hombre. Si la primera Palabra hizo brotar la vida y el Señor Dios la encontró como 
“buena”, ahora hay quien mira a la naturaleza con temor y como una amenaza. Pero ¡los 
hombres somos quienes la hemos dañado y está al borde del colapso! La “Buena Madre 
Tierra” podría dar suficiente alimento y cobijo a toda la humanidad, pero los excesos y la 
explotación irracional han puesto en grave peligro a las generaciones venideras. Cuántas 
empresas, madereros y terratenientes se enriquecieron de nuestras selvas tropicales, de 
nuestras verdes sierras, fraccionando fértiles terrenos y rapando extensiones inmensurables. 
Cómo se siguen sobreexplotando las entrañas de la tierra, arrancando irresponsablemente 
sus tesoros, sus aguas, su petróleo… y ¡todo para beneficio de unos pocos! Los lechos de 
nuestros ríos están atascados de basura y de desperdicios. La mayoría de los desagües 
contaminan mares y lagunas. Las transnacionales se han adueñado de los depósitos de agua 
y oxigeno. Irresponsablemente emitimos gases, polución, calor, químicos y desechables que 
la están asfixiando.
San Pablo ya les decía a los habitantes de Roma que “la creación está sometida al 
desorden, no por su querer, sino por la voluntad de aquel que la sometió”. El problema 
del deterioro de la creación no podrá frenarse, ni resolverse mientras no cambie 
radicalmente la concepción que el ser humano tiene sobre ella y sobre los conceptos de 
responsabilidad, felicidad y fraternidad. Mientras la creación sea vista solamente como un 
factor productivo y un recurso explotable, la lógica del consumismo exigirá que se le 
explote al máximo a fin de continuar siendo “competitivos” y dejando una estela de muerte 
para el futuro. Mientras la ambición supere a la responsabilidad frente al don que Dios nos 
ha confiado, la seguiremos destruyendo impunemente. Mientras el individualismo, el placer 
y la seguridad personal predominen sobre el sentido comunitario fraternal, continuaremos 
acabando con el cosmos que es la casa no de cada uno, sino la casa de todos. A pesar de 
que Pablo afirma que la creación está sometida al fracaso, nos la presenta expectante y 
anhelando la revelación escatológica de todos los humanos como hijos de Dios. La 
naturaleza sufre las consecuencias del pecado humano, pero vive la esperanza pues también 
ella será liberada de esta esclavitud que significa la decadencia y el deterioro. La creación gime y participa de los sufrimientos de este último tiempo pues no hay relación entre la 
finalidad para la que fue creada y la situación actual. Pero también la creación entera 
participa de la redención de la obra de Cristo. ¿Mataremos nosotros esta esperanza?
El texto de San Pablo, aparece duro y cuestionador pero también lleno de esperanza, pues 
los gemidos de la creación, al mismo tiempo que son de dolor y angustia, también aparecen 
como gemidos y dolores de parto, unidos a la esperanza de los creyentes que poseen las 
primicias del Espíritu y que anhelan que se realice plenamente nuestra condición de hijos 
de Dios. Es la clave para transformar el corazón del hombre: reconocerse hijo de Papá Dios 
y hermano de todos los hombres. Sólo cuando se piensa y se vive en este ambiente se puede 
entender plenamente la creación como casa y pertenencia de todos. ¿Ilusorio? ¿Imposible? 
La parábola del sembrador que reflexionamos en este domingo es una parábola de 
esperanza y optimismo que hace despertar la ilusión y soñar con lo imposible. 
Normalmente al escuchar esta parábola asumimos y reflexionamos sobre nuestro papel y 
situación de tierra que recibe la Palabra. Y es una interpretación válida y legítima, pero 
quizás también hoy podríamos asumir el papel del sembrador y la forma en que debemos 
sembrar esta Palabra que debe dar vida. Nosotros, discípulos, somos los hombres de la 
Palabra y debemos sembrar esperanza y no convertirnos en plañideras de lamentos y 
desilusiones. Frente a una creación que gime y agoniza, está muy clara nuestra tarea: no es 
segar, ni cosechar, sino sembrar, sembrar con abundancia, sin cálculos mezquinos, sin 
exclusiones, sin medida. Dejemos las desconfianzas, las recriminaciones inútiles y los 
pesimismos que paralizan, y lancémonos a sembrar. Sembrar nuestro mundo de la Palabra, 
pero también sembrar semillas en nuestros campos, flores en nuestras ciudades y árboles en 
la selva y en la sierra.
Sabemos que encontraremos terrenos pedregosos, pero no tengamos miedo ni a los 
tropiezos, ni a los rechazos. La gota de agua abre la más dura roca y la Palabra sembrada 
con amor y constancia abre los corazones. Moverse entre las espinas acarrea laceraciones y 
piquetes, pero hay quienes se han tornado ariscos y defensivos por falta de amor, y sólo el 
bálsamo de la Palabra amorosa logrará sanarlos. Salgamos a los caminos, no nos 
encerremos en el capillismo de nuestro grupo. Necesitamos llevar la Palabra a todas las 
veredas, a todos los sitios, interpelar a los desconfiados, mover a los indiferentes, animar a 
los desconfiados. La Palabra tiene que anidarse en el corazón para poder dar fruto, pero si 
no la sembramos ¿qué esperanza tendremos? La parábola termina de una forma alentadora: 
la tierra buena da frutos, unos, ciento por uno; otros sesenta; y otros ochenta. Ciertamente 
la Palabra que sale de la boca del Señor no volverá sin resultado. Para cambiar la faz de la 
tierra, de “la madre tierra”, se necesita cambiar los corazones y sólo la Palabra es capaz de 
realizar esta transformación. 
¿Qué estamos haciendo por el cuidado de “la Madre Tierra”? ¿En qué se nota nuestro 
compromiso serio por cuidarla y protegerla de la basura, de la contaminación y del 
deterioro? ¿Cómo estamos sembrando la Palabra en cada lugar y en cada momento en que 
nos ha colocado el Señor?
Padre Bueno, tu Palabra nos amó antes de que el sol ardiera, antes del mar y las 
montañas. Todo lo hizo nuevo, todo lo hizo bello. Danos palabras verdaderas para 
responder a tu Hijo, eterna Palabra. Amén.




Hoy, XV Domingo del Tiempo Ordinario, Jesús nos presenta la parábola del sembrador. La semilla es siempre buena. La diferencia está en la tierra que la recibe. Dios habla, pero el fruto depende también de cómo lo escuchamos.

1️⃣ La Palabra de Dios no es una opinión más entre tantas. Isaías afirma que sale de la boca de Dios y cumple siempre su misión. Puede tardar en germinar, pero nunca vuelve vacía.

2️⃣ Dios actúa como la lluvia. No hace ruido, no fuerza la tierra ni arranca inmediatamente el fruto. Penetra poco a poco, ablanda el corazón y prepara una vida nueva.

3️⃣ El sembrador siembra con una generosidad sorprendente. No reserva la semilla únicamente para la tierra buena. La arroja también sobre caminos, piedras y abrojos. Dios no se cansa de ofrecernos su gracia.

4️⃣ El borde del camino representa el corazón endurecido. Se escucha la Palabra, pero no se le permite entrar. Todo resbala. El alma termina impermeable a Dios.

5️⃣ El terreno pedregoso es el entusiasmo sin raíces. Se recibe el Evangelio con alegría, pero se abandona cuando llegan las dificultades. La fe no puede vivir solo de emociones.

6️⃣ Los abrojos son los afanes, las preocupaciones y la seducción de las riquezas. No siempre rechazamos a Dios directamente. A veces dejamos que mil cosas pequeñas lo ahoguen lentamente.

7️⃣ La tierra buena no es una persona perfecta. Es quien escucha, comprende, guarda la Palabra y permite que Dios transforme su vida. La santidad comienza por escuchar de verdad.

8️⃣ San Pablo recuerda que toda la creación gime con dolores de parto. También nosotros sufrimos y esperamos. Pero el dolor cristiano no es una agonía sin sentido: es una espera orientada hacia la gloria.

9️⃣ Los sufrimientos presentes no tienen la última palabra. Dios está preparando la plena libertad de sus hijos y la redención de nuestro cuerpo. La esperanza cristiana abraza también nuestra historia concreta.

🔟 Hoy conviene preguntarnos: ¿qué tierra encuentra Cristo en mí? ¿Un camino endurecido, un corazón superficial, una vida ahogada por preocupaciones o una tierra disponible para dar fruto?

La semilla ya ha sido sembrada. Dios sigue hablando. No culpemos a la semilla ni al sembrador. Pidamos un corazón humilde, profundo y perseverante, capaz de dar fruto para la vida eterna.

#EvangelioDelDomingo #PalabraDeDios #TiempoOrdinario #Jesucristo #FeCatólica

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PAZ  Y BIEN
DIOS TE BENDIGA

viernes, 10 de julio de 2026

Evangélio Diario 10 de Julio

Reflexión Monseñor Enrique Diaz Diaz obispo de Irapuato 



10 Julio
Oseas 14, 2-10: “Nunca llamaremos ya ‘dios nuestro’ a las obras de nuestras 
manos’
Salmo 50: “Abre, Señor, mis labios y te alabaré”
San Mateo 10, 16-23: “No serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de 
su Padre”
Muchos cristianos del día de hoy se horrorizan al escuchar que Jesús es 
perseguido y que la Iglesia es cuestionada. Ya las primeras comunidades 
sufrían persecución y tenían que mantenerse muy firmes en la fe frente a los 
terribles ataques que recibían tanto del poder romano, como de la cultura 
griega o de la religión judía. Para todos era inconcebible la forma en que Cristo 
había proclamado su Buena Nueva y la manera como los discípulos ahora la 
intentaban vivir. Mateo recuerda las palabras de Jesús y nos las ofrece como 
una preparación para todas estas situaciones. No teman la persecución, no 
teman el juicio, el Espíritu hablará por ustedes. Pero lo que sí debemos temer y 
reconsiderar es si la persecución es porque estamos siendo fieles al evangelio 
de Jesús y mirar si lo que pretendemos construir es el reino. Si la persecución 
es a causa del Evangelio o, porque habiendo desvirtuado el Evangelio, nos 
hacemos reos de delitos que se deben perseguir. Otra vez es Oseas en la 
primera lectura el que pone el dedo en la llaga: “Conviértete, Israel, pues tu 
maldad te ha hecho sucumbir. Arrepiéntanse y acérquense al Señor diciendo: 
‘perdona nuestras maldades’”. Israel ha caído en la destrucción y ha sufrido 
persecuciones, pero no es a causa de su fidelidad al Señor, sino todo lo 
contrario: es a causa de sus injusticias y de poner su confianza en “otros 
dioses”. El Señor promete salvación, liberación y perdón, con una única 
condición: el verdadero arrepentimiento. Todas estas imágenes nos ayudarán, 
por una parte, a cuestionarnos seriamente si somos fieles al Señor; y por la 
otra, a tener una confianza ilimitada en que, si somos fieles al Evangelio, el 
Espíritu hablará por nosotros. Pero la clave estará siempre en la fidelidad, no 
sea que la persecución y el reclamo sean con justa razón por haber 
contaminado el Evangelio. Hoy más que nunca tendremos que ser precavidos 
como serpientes para no caer en las redes del mal y sencillos como palomas 
para seguir depositando nuestra confianza en Jesús, nuestro único salvador.

Las lecturas de hoy tienen una fuerza extraordinaria para nuestro tiempo. Oseas nos llama a volver a Dios. Jesús nos advierte de que seguirle no será cómodo. Y, entre ambas cosas, aparece una certeza: Dios no abandona a quien confía en Él.

1️⃣ «Vuelve, Israel, al Señor tu Dios».

La conversión comienza volviendo. No consiste en inventar una nueva espiritualidad ni en construir un dios a nuestra medida. Es reconocer que nos hemos alejado y emprender el camino de regreso al Señor.

2️⃣ «No llamaremos ya “nuestro Dios” a la obra de nuestras manos».

Esta frase de Oseas debería hacernos pensar. También nosotros fabricamos ídolos: nuestras ideas, seguridades, ideologías, prestigio, dinero, grupos e incluso nuestra propia visión de la Iglesia.

El ídolo siempre termina pareciéndose demasiado a quien lo fabrica.

3️⃣ Dios responde a la conversión con una promesa bellísima: «Curaré su deslealtad, los amaré generosamente».

Dios no recibe al pecador arrepentido con una lista de reproches. Lo cura. Lo ama. Lo hace florecer de nuevo.

La conversión cristiana no termina en la culpa, sino en la gracia.

4️⃣ Pero el Evangelio evita cualquier ingenuidad. Jesús dice claramente a sus apóstoles: «Os envío como ovejas entre lobos».

Cristo nunca prometió a sus discípulos una vida sin conflictos. Prometió algo mucho mayor: su presencia y la asistencia del Espíritu Santo.

5️⃣ «Sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas».

La fe no exige ingenuidad. El cristiano debe tener un corazón limpio, pero también los ojos abiertos. Caridad no significa ceguera. Prudencia no significa cobardía.

La santidad necesita también inteligencia.

6️⃣ Jesús anuncia tribunales, persecuciones, traiciones y odio. Y, sin embargo, no enseña a vivir obsesionados con los enemigos.

«No os preocupéis de lo que vais a decir».

Nuestra seguridad no está en tener siempre preparada la respuesta perfecta, sino en permanecer unidos al Señor.

7️⃣ «El Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros».

Qué necesaria es hoy esta confianza. A veces queremos defender la fe únicamente con nuestras fuerzas, estrategias y discusiones.

El testimonio cristiano nace de una vida habitada por Dios. Antes de hablar de Él, hay que vivir con Él.

8️⃣ Y Jesús termina con una palabra decisiva: «El que persevere hasta el final se salvará».

No basta el entusiasmo de un día. No basta comenzar bien. La vida cristiana es fidelidad cotidiana, también cuando cuesta, cuando no somos comprendidos y cuando parece que seguir a Cristo tiene un precio demasiado alto.

Volver a Dios. Derribar los ídolos. Dejarse curar. Confiar en el Espíritu Santo. Perseverar hasta el final.

Ese es el camino que hoy nos propone la Palabra de Dios. No promete comodidad, pero sí una vida que florece porque sus raíces están puestas en Dios.

#EvangelioDiario #PalabraDeDios #Fe #Conversión #EspírituSanto #IglesiaCatólica #catolicosencamino



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jueves, 9 de julio de 2026

Evangelio Diario 9 de julio

Reflexión
Mons Enrique Diaz Diaz 
Obispo de Irapuato 


9 julio
San Agustín Zhao Rong y compañeros mártires
Oseas 11, 1-4. 8-9: “Mi corazón se conmueve”
Salmo 79: “Ven, Señor, a salvarnos”
San Mateo 10, 7-15: “Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, 
gratuitamente”
Jesús establece para sus discípulos las bases de su misión: les indica a 
quienes deben ir primero, sin ser exclusivos, les manifiesta el mensaje, sus 
condiciones, lo que es necesario llevar. Los instruye perfectamente para esa 
primera misión. Sorprendente la sencillez y precariedad de lo que pueden 
portar, prácticamente nada, solamente su confianza en Dios. ¿Cómo miraría 
Jesús hoy a nuestra Iglesia y qué recomendaciones nos daría? ¿Estará 
contento con los resultados de su gran sueño sobre Reino? ¿Es ésta la Iglesia 
que Jesús siempre se quiso construir? Indudablemente que tendremos que 
estar siempre atentos y en revisión sobre si esta Iglesia es fiel al Evangelio de 
Jesús o si muchas cosas se nos han ido adhiriendo en el camino y terminan 
por pesarnos y ser demasiado importantes, a tal grado que a veces ¡oscurecen 
el mensaje!, como denuncia el Papa Francisco. Nuevamente la primera lectura 
tomada del tajante Oseas parece ayudarnos a entender mejor el mensaje. A
Israel en el camino se le ha olivado lo más importante que es el amor que le ha 
tenido Dios y por medio de Oseas le recuerda con palabras tiernas: “yo lo 
amé… le enseñé a andar, lo atraía hacía mí con los lazos del cariño, con las 
cadenas del amor… yo fui para él como un padre que se inclina hacia su 
creatura y la estrecha para darle de comer”. Palabras de un amor que no puede 
acabar… es la voz del profeta y es la misma misión que tiene Jesús y que 
confía a todos sus discípulos. Por eso Jesús insiste tanto en lo que es más 
importante: para hablar de un amor así de grande no se necesitan grandes 
propagandas ni tampoco muchos presupuestos, se necesita ser testigo de 
amor. Muchas veces criticamos a los llamados jerarcas de la Iglesia, pero sin 
disculpar que también ellos tengan que ponerse en revisión, a todos nos toca 
examinar cómo estamos siendo fieles a la misión que Jesús nos encomienda. 
Es drástico en sus exigencias, pero también es magnánimo en su amor. Nos 
invita a que en cada hogar podamos llevar la verdadera paz y que sembremos 
la palabra del Reino. ¿Estaremos cumpliendo con esta misión o nos hemos 
desviado? ¡Revisemos cada cual nuestra forma de evangelizar!

Las lecturas de hoy nos hablan de un peligro muy actual: tener frutos, obras y actividad… pero haber dejado de buscar el rostro de Dios.

Oseas, el salmo y el Evangelio trazan un camino de conversión. Vamos con ello. 👇

1️⃣ Israel había prosperado. Pero cuanto más prosperaba, más se alejaba de Dios:

«Por la abundancia de sus frutos, multiplicó sus altares».

También nosotros podemos convertir los dones de Dios en ocasión de autosuficiencia.

2️⃣ El problema estaba en el corazón:

«Su corazón es inconstante».

La gran batalla espiritual se libra ahí. Podemos mantener formas exteriores y tener el corazón dividido entre Dios y nuestros pequeños ídolos.

3️⃣ También existen ídolos religiosos.

Podemos convertir en ídolo nuestro prestigio, nuestros proyectos apostólicos, nuestra manera de entender la Iglesia o nuestra propia imagen de personas piadosas.

Todo lo que ocupa el lugar de Dios acaba esclavizando.

4️⃣ Oseas pronuncia una invitación bellísima:

«Sembrad con justicia, recoged con amor. Poned al trabajo un terreno virgen».

La conversión no es solo lamentar el pasado. Hay que trabajar la tierra del corazón.

5️⃣ Y llega la frase central:

«Es tiempo de consultar al Señor».

Consultamos estadísticas, tendencias, redes sociales y opiniones. Todo puede tener utilidad. Pero ¿consultamos verdaderamente al Señor?

6️⃣ El salmo responde:

«Buscad continuamente el rostro del Señor».

No solo cuando hay problemas. No solo cuando necesitamos una respuesta.

Continuamente.

La vida cristiana se ordena cuando dejamos de buscar solo los dones de Dios y buscamos al Dios de los dones.

7️⃣ El Evangelio presenta la llamada de los Doce.

Jesús no envía individuos aislados. Constituye un grupo, les da autoridad y los envía.

La misión cristiana nace de Cristo y se realiza en comunión.

Nadie se envía a sí mismo.

8️⃣ San Mateo da los nombres de los Apóstoles.

Cristo llama a personas concretas, con historias y debilidades.

La Iglesia no es una comunidad de perfectos. Es el pueblo de los llamados, transformados por la gracia y enviados por Cristo.

9️⃣ Mateo señala algo fundamental:

«El primero, Simón, llamado Pedro».

Entre los Doce existe comunión, pero también un orden querido por Cristo.

La misión apostólica no nace de proyectos particulares. Cristo llama, constituye y envía.

🔟 Entre los Doce aparece Judas Iscariote.

Haber sido llamado, haber escuchado a Cristo y haber participado en la misión no elimina nuestra libertad.

Por eso necesitamos permanecer vigilantes. Nadie puede vivir de las gracias recibidas ayer.

1️⃣1️⃣ Jesús les dice:

«Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos».

No estamos llamados a anunciarnos a nosotros mismos ni a ganar discusiones.

Estamos llamados a anunciar a Jesucristo.

1️⃣2️⃣ Las lecturas de hoy nos dejan un camino claro:

Buscar el rostro del Señor.
Examinar nuestros ídolos.
Trabajar la tierra del corazón.
Sembrar justicia.
Vivir en comunión con la Iglesia.
Y salir a anunciar el Reino.

Quizá hoy necesitemos recuperar aquella pregunta sencilla:

«Señor, ¿qué quieres de mí?».

Antes de decidir, consultar al Señor.
Antes de actuar, buscar su rostro.
Y después, ponerse en camino.

«Es tiempo de consultar al Señor».

#EvangelioDiario #PalabraDeDios #Oseas #Salmo104 #Evangelio #Jesucristo #Iglesia #Conversión #Oración #FeCatólica
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Reflexión de Mons Enrique Diaz Diaz 

miércoles, 8 de julio de 2026

Evangélio Diario 8 de julio

Reflexión Monseñor Enrique Diaz Diaz obispo de Irapuato 

8 Julio
Oseas 10, 1-3. 7-8. 12: “Ya es tiempo de consultar al Señor” 
Salmo 104; “Recurramos al Señor y a su poder”
San Mateo 10, 1-7: “Vayan en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel”
Oseas, el profeta que en estos días estamos leyendo en la primera lectura, nos 
sorprende con sus imágenes tan vivas para hablar del amor de Dios por su 
pueblo. En capítulos anteriores lo había comparado al fiel amor de un 
enamorado que va en busca de la esposa que se ha prostituido. Hoy 
encontramos la imagen de la vid frondosa que navega entre dos amores: su 
amor al dinero y su adoración a los ídolos paganos. La insistencia de Oseas se 
manifiesta en las urgentes llamadas a la conversión y al cambio. “Siembren 
justicia y cosecharán misericordia”. Este mismo amor y predilección por el 
pueblo de Israel se manifiesta también en las primeras recomendaciones a los 
discípulos que son enviados: “Vayan primero a las ovejas perdidas de la casa 
de Israel”. Y no es que Jesús no quiera que su mensaje se abra a los 
horizontes universales de toda la humanidad. Al contrario, eso espera y desea. 
Pero siempre habrá esas ovejas que el Señor ama y a las que es fiel. Al 
escuchar hoy los nombres de los discípulos y contemplarlos recibiendo su 
misión, me quedaba pensando si también ahora no nos hace falta ir primero a 
los de casa. Sí, a esos que han sido bautizados pero que se han quedado 
atorados entre el dinero y la superstición; a esos que fácilmente pueden vivir 
entre la injusticia y el rosario; a esos que con un ritual reciben el sacramento 
solamente para desacreditarlo después con sus acciones. Se necesita 
evangelizar a los de casa. Cada uno de nosotros tendremos que ponernos en 
estado de alerta y mirar si en nuestro corazón no se han instalado esos 
demonios a los que Jesús pide expulsar; tendremos que reconsiderar si 
nuestro amor a Dios es fiel, o se ha mezclado con tintes idólatras y 
convenencieros. Tendremos que revisar si para nosotros tienen significado las 
palabras de Jesús que urgen a publicar que el Reino de los cielos está cerca. 
Sí, somos cristianos, pero no damos los verdaderos frutos que se esperarían 
de un discípulo. Revisemos y corrijamos nuestras conductas. Que la expulsión 
de demonios impuros, la curación de enfermos y la sanación del corazón, junto 
con el mensaje evangélico, sea la tarea para cada uno de nosotros.
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REFLEXION DE HOY



Las lecturas de hoy nos hablan de un peligro muy actual: tener frutos, obras y actividad… pero haber dejado de buscar el rostro de Dios.

Oseas, el salmo y el Evangelio trazan un camino de conversión. Vamos con ello. 👇

1️⃣ Israel había prosperado. Pero cuanto más prosperaba, más se alejaba de Dios:

«Por la abundancia de sus frutos, multiplicó sus altares».

También nosotros podemos convertir los dones de Dios en ocasión de autosuficiencia.

2️⃣ El problema estaba en el corazón:

«Su corazón es inconstante».

La gran batalla espiritual se libra ahí. Podemos mantener formas exteriores y tener el corazón dividido entre Dios y nuestros pequeños ídolos.

3️⃣ También existen ídolos religiosos.

Podemos convertir en ídolo nuestro prestigio, nuestros proyectos apostólicos, nuestra manera de entender la Iglesia o nuestra propia imagen de personas piadosas.

Todo lo que ocupa el lugar de Dios acaba esclavizando.

4️⃣ Oseas pronuncia una invitación bellísima:

«Sembrad con justicia, recoged con amor. Poned al trabajo un terreno virgen».

La conversión no es solo lamentar el pasado. Hay que trabajar la tierra del corazón.

5️⃣ Y llega la frase central:

«Es tiempo de consultar al Señor».

Consultamos estadísticas, tendencias, redes sociales y opiniones. Todo puede tener utilidad. Pero ¿consultamos verdaderamente al Señor?

6️⃣ El salmo responde:

«Buscad continuamente el rostro del Señor».

No solo cuando hay problemas. No solo cuando necesitamos una respuesta.

Continuamente.

La vida cristiana se ordena cuando dejamos de buscar solo los dones de Dios y buscamos al Dios de los dones.

7️⃣ El Evangelio presenta la llamada de los Doce.

Jesús no envía individuos aislados. Constituye un grupo, les da autoridad y los envía.

La misión cristiana nace de Cristo y se realiza en comunión.

Nadie se envía a sí mismo.

8️⃣ San Mateo da los nombres de los Apóstoles.

Cristo llama a personas concretas, con historias y debilidades.

La Iglesia no es una comunidad de perfectos. Es el pueblo de los llamados, transformados por la gracia y enviados por Cristo.

9️⃣ Mateo señala algo fundamental:

«El primero, Simón, llamado Pedro».

Entre los Doce existe comunión, pero también un orden querido por Cristo.

La misión apostólica no nace de proyectos particulares. Cristo llama, constituye y envía.

🔟 Entre los Doce aparece Judas Iscariote.

Haber sido llamado, haber escuchado a Cristo y haber participado en la misión no elimina nuestra libertad.

Por eso necesitamos permanecer vigilantes. Nadie puede vivir de las gracias recibidas ayer.

1️⃣1️⃣ Jesús les dice:

«Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos».

No estamos llamados a anunciarnos a nosotros mismos ni a ganar discusiones.

Estamos llamados a anunciar a Jesucristo.

1️⃣2️⃣ Las lecturas de hoy nos dejan un camino claro:

Buscar el rostro del Señor.
Examinar nuestros ídolos.
Trabajar la tierra del corazón.
Sembrar justicia.
Vivir en comunión con la Iglesia.
Y salir a anunciar el Reino.

Quizá hoy necesitemos recuperar aquella pregunta sencilla:

«Señor, ¿qué quieres de mí?».

Antes de decidir, consultar al Señor.
Antes de actuar, buscar su rostro.
Y después, ponerse en camino.

«Es tiempo de consultar al Señor».

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martes, 7 de julio de 2026

Evangelio Diario 7 de Julio

Reflexión Monseñor Enrique Diaz Diaz
Obispo de Irapuato

7 Julio
Oseas 8, 4-7.11-13: “Siembran vientos y cosecharán tempestades”
Salmo 113: “Nosotros confiamos en el Señor”
San Mateo 9, 32-38: “La cosecha es mucha y los trabajadores pocos”
Hay proverbios que vienen desde muy lejos y que vuelven a hacerse presentes 
a cada momento. La primera lectura tomada del profeta Oseas contiene uno de 
esos dichos, que parecen calcarse en nuestra realidad: “El que siembra 
vientos, cosecha tempestades”. Y reclama el profeta al pueblo de Israel su 
infidelidad, su idolatría, su confianza en sus propias fuerzas y sus sacrificios 
hipócritas que no están respaldados por obras buenas. ¿Y nosotros? ¿Qué 
estamos sembrando? Nos quejamos amargamente de todas las expresiones 
de violencia y de maldad que estamos oyendo y contemplando cada día… ¿De 
dónde brotan? ¿Acaso no es eso lo que hemos sembrado? Si quitamos a Dios 
del corazón de los niños, si les enseñamos a vivir su existencia en el libertinaje, 
si nos ufanamos de haber superado “los principios morales”, no podemos 
extrañarnos que ocurran en medio de nosotros los más horrendos crímenes. 
Tenemos que sembrar el amor y la armonía en el corazón de los hombres, si 
no, nunca podremos superar toda la violencia y la maldad que estamos 
sufriendo. Cristo hace y propone un camino que nos parece todo lo contrario a 
lo que propone el mundo. Expulsa un demonio mudo que le impide a un 
hombre hablar, recorre las ciudades y los pueblos anunciando el Evangelio del 
Reino de Dios, cura de toda enfermedad y dolencia… mientras nosotros 
cerramos la boca a quienes pretenden anunciar el Evangelio, nos interesamos 
solamente por nuestros propios problemas, no queremos molestarnos en 
buscar caminos del bien para nuestros niños y nuestros jóvenes. Los 
sentimientos de Jesús al contemplar las multitudes de hoy son los mismos de 
los que tenía en aquel tiempo, pues ahora también andamos “como ovejas sin 
pastor”. Estos días son una oportunidad para percibir y para mostrar el amor 
de Dios encarnado en Jesús su Hijo. Retomemos hoy su camino, unámonos en 
oración y busquemos sembrar el bien en el corazón de toda persona que esté a 
nuestro lado. No dejemos que nadie se pierda, que nadie ande solitario en el 
camino. Que todos puedan sentir la mano amiga de un hermano que los 
acompaña.

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