viernes, 10 de julio de 2026

Evangélio Diario 10 de Julio

Reflexión Monseñor Enrique Diaz Diaz obispo de Irapuato 



10 Julio
Oseas 14, 2-10: “Nunca llamaremos ya ‘dios nuestro’ a las obras de nuestras 
manos’
Salmo 50: “Abre, Señor, mis labios y te alabaré”
San Mateo 10, 16-23: “No serán ustedes los que hablarán, sino el Espíritu de 
su Padre”
Muchos cristianos del día de hoy se horrorizan al escuchar que Jesús es 
perseguido y que la Iglesia es cuestionada. Ya las primeras comunidades 
sufrían persecución y tenían que mantenerse muy firmes en la fe frente a los 
terribles ataques que recibían tanto del poder romano, como de la cultura 
griega o de la religión judía. Para todos era inconcebible la forma en que Cristo 
había proclamado su Buena Nueva y la manera como los discípulos ahora la 
intentaban vivir. Mateo recuerda las palabras de Jesús y nos las ofrece como 
una preparación para todas estas situaciones. No teman la persecución, no 
teman el juicio, el Espíritu hablará por ustedes. Pero lo que sí debemos temer y 
reconsiderar es si la persecución es porque estamos siendo fieles al evangelio 
de Jesús y mirar si lo que pretendemos construir es el reino. Si la persecución 
es a causa del Evangelio o, porque habiendo desvirtuado el Evangelio, nos 
hacemos reos de delitos que se deben perseguir. Otra vez es Oseas en la 
primera lectura el que pone el dedo en la llaga: “Conviértete, Israel, pues tu 
maldad te ha hecho sucumbir. Arrepiéntanse y acérquense al Señor diciendo: 
‘perdona nuestras maldades’”. Israel ha caído en la destrucción y ha sufrido 
persecuciones, pero no es a causa de su fidelidad al Señor, sino todo lo 
contrario: es a causa de sus injusticias y de poner su confianza en “otros 
dioses”. El Señor promete salvación, liberación y perdón, con una única 
condición: el verdadero arrepentimiento. Todas estas imágenes nos ayudarán, 
por una parte, a cuestionarnos seriamente si somos fieles al Señor; y por la 
otra, a tener una confianza ilimitada en que, si somos fieles al Evangelio, el 
Espíritu hablará por nosotros. Pero la clave estará siempre en la fidelidad, no 
sea que la persecución y el reclamo sean con justa razón por haber 
contaminado el Evangelio. Hoy más que nunca tendremos que ser precavidos 
como serpientes para no caer en las redes del mal y sencillos como palomas 
para seguir depositando nuestra confianza en Jesús, nuestro único salvador.

Las lecturas de hoy tienen una fuerza extraordinaria para nuestro tiempo. Oseas nos llama a volver a Dios. Jesús nos advierte de que seguirle no será cómodo. Y, entre ambas cosas, aparece una certeza: Dios no abandona a quien confía en Él.

1️⃣ «Vuelve, Israel, al Señor tu Dios».

La conversión comienza volviendo. No consiste en inventar una nueva espiritualidad ni en construir un dios a nuestra medida. Es reconocer que nos hemos alejado y emprender el camino de regreso al Señor.

2️⃣ «No llamaremos ya “nuestro Dios” a la obra de nuestras manos».

Esta frase de Oseas debería hacernos pensar. También nosotros fabricamos ídolos: nuestras ideas, seguridades, ideologías, prestigio, dinero, grupos e incluso nuestra propia visión de la Iglesia.

El ídolo siempre termina pareciéndose demasiado a quien lo fabrica.

3️⃣ Dios responde a la conversión con una promesa bellísima: «Curaré su deslealtad, los amaré generosamente».

Dios no recibe al pecador arrepentido con una lista de reproches. Lo cura. Lo ama. Lo hace florecer de nuevo.

La conversión cristiana no termina en la culpa, sino en la gracia.

4️⃣ Pero el Evangelio evita cualquier ingenuidad. Jesús dice claramente a sus apóstoles: «Os envío como ovejas entre lobos».

Cristo nunca prometió a sus discípulos una vida sin conflictos. Prometió algo mucho mayor: su presencia y la asistencia del Espíritu Santo.

5️⃣ «Sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas».

La fe no exige ingenuidad. El cristiano debe tener un corazón limpio, pero también los ojos abiertos. Caridad no significa ceguera. Prudencia no significa cobardía.

La santidad necesita también inteligencia.

6️⃣ Jesús anuncia tribunales, persecuciones, traiciones y odio. Y, sin embargo, no enseña a vivir obsesionados con los enemigos.

«No os preocupéis de lo que vais a decir».

Nuestra seguridad no está en tener siempre preparada la respuesta perfecta, sino en permanecer unidos al Señor.

7️⃣ «El Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros».

Qué necesaria es hoy esta confianza. A veces queremos defender la fe únicamente con nuestras fuerzas, estrategias y discusiones.

El testimonio cristiano nace de una vida habitada por Dios. Antes de hablar de Él, hay que vivir con Él.

8️⃣ Y Jesús termina con una palabra decisiva: «El que persevere hasta el final se salvará».

No basta el entusiasmo de un día. No basta comenzar bien. La vida cristiana es fidelidad cotidiana, también cuando cuesta, cuando no somos comprendidos y cuando parece que seguir a Cristo tiene un precio demasiado alto.

Volver a Dios. Derribar los ídolos. Dejarse curar. Confiar en el Espíritu Santo. Perseverar hasta el final.

Ese es el camino que hoy nos propone la Palabra de Dios. No promete comodidad, pero sí una vida que florece porque sus raíces están puestas en Dios.

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